El psicólogo en Andújar, nos explica la mentira como forma de vida

 

psicólogo en Andújar

 

¿Qué ocurre en el cerebro mitómano?
Las patrañas pueden brindar cierto grado de placer al mitómano. Saber que cada patraña implica un nivel de peligro, produce una descarga de adrenalina que actúa a nivel cerebral como recompensa y robustece la contestación mitómana, cerrando de esta manera un círculo vicioso.

Otra teoría, según el psicólogo en Andújar, apunta a que los mitómanos podrían tener una amígdala menos reactiva, frente a los comportamientos indecentes. Estudiosos del University College de la ciudad de Londres, descubrieron que cuando engañamos por vez primera para ganar algo, se genera una enorme activación de la amígdala, la que se hace cargo de generar sentimientos negativos, que nos hacen sentir mal y limitan el alcance de la patraña. No obstante, conforme seguimos mintiendo, esa activación va menguando.

Últimamente, neurocientíficos de la Universidad de California del Sur así mismo encontraron que el cerebro de los mentirosos apremiantes, es sutilmente diferente de quienes acostumbran a decir la verdad: tiene hasta un veintiseis por ciento más de substancia blanca en la corteza prefrontal.

La substancia blanca, interviene en la transmisión de información, con lo que estos estudiosos estiman que un mayor volumen implicaría una mayor capacidad cognitiva para procesar las patrañas y manipular. En verdad, en ciertos casos las historias que cuentan los mitómanos, están realmente bien hilvanadas y resultan creíbles, puesto que poseen un enorme nivel de detalles, lo que indica que la persona ha estado procesando esmeradamente esa información.

 

La mentira como patología, comentada por el psicólogo en Andujar

 

-¿Por qué razón engañamos?
La patraña, acostumbra a ser una estrategia para evitar la realidad y, por lo tanto, la responsabilidad de encarar las consecuencias de algunos actos o bien situaciones.
Diferentes trastornos sicológicos, están vinculados con la patraña, en tanto que se trata de una manera de evitación, sobre todo en el caso de las adicciones, cuando la persona no quiere reconocer su inconveniente o bien pierde el control y recurre a la patraña para mantener su patrón adictivo.

 En verdad, se calcula que el noventa y dos por ciento de los pacientes engañan sobre el consumo de substancias, el veinticinco por ciento sobre su consumo de alcohol y el cincuenta y ocho por ciento sobre su adicción al juego.
Con la vida que llevan, terminan inventándose una distinta que les hace sentir mejor. Lo frecuente es, que el mitómano edifique un nuevo recuerdo para cubrir una realidad desapacible, que sustituye con una historia mejor.
La verdad, así mismo se acostumbra a falsear para conseguir alguna ventaja, si bien no siempre y en toda circunstancia se trata de un beneficio material, sino a nivel sensible. Con sus patrañas, el mitómano logra la aprobación, el respeto y/o el aprecio que precisa. De ahí que, habitualmente las patrañas patológicas ocultan un deseo de llamar la atención, que se consigue creando un personaje falso que la persona va enriqueciendo con patrañas.

El tratamiento de la mitomanía
En la base de la patraña patológica se oculta una baja autoestima, la persona piensa que si se muestra tal como es, no va a ser admitida. Los mitómanos, acostumbran a tener una personalidad insegura, con lo que frecuentemente sus patrañas no son más que una imitación o bien un plagio de las ideas, pensamientos o bien experiencias del resto, por norma general de personas que admiran. Los mentirosos patológicos, asimismo acostumbran a carecer de habilidades sociales, con lo que procuran suplirlas recurriendo a las patrañas, para parecer más interesantes y eficientes ante quienes les rodean.

De ahí que, el tratamiento de la mitomanía en https://neurosoma.es pasa por robustecer la autoestima, aumentar las habilidades sociales y de resolución de enfrentamientos y conseguir que la persona se sienta satisfecha con su realidad y consigo misma, a fin de que no experimente de manera continua la necesidad de usar la patraña patológica para disfrazar su mundo.